Abril 26, 2018

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Raíces del fundamentalismo; La persecución cultural.

 La persecución intelectual no es una actitud reciente en la cultura musulmana. En los últimos tiempos, el siglo XX en concreto, hemos vivido actos dramáticos; intelectuales y periodistas fueron silenciados, juzgados o asesinados por los representantes del fanatismo que ha invadido el territorio poblado por la mayoría musulmana, sobre todo el territorio árabe.

La historia nos recuerda cómo reaccionaron los conservadores anclados en la tradición teológica, a veces con enfoque ideológico, allá principios del siglo XX, cuando se publicó una obra de Ali Abderrazek sobre “ El Islam y los fundamentos del poder”, "الاسلام وأصول الحكم" o el juicio llevado contra Taha Hussein por una publicación titulada “Sobre la poesía preislámica" "في الشعر الجاهلي”, obligado y condenado a revisarla.

 Recientemente, muchos nos acordamos de los juicios llevados contra intelectuales como el famoso juicio llevado contra Hamid Abu Zaid, un gran innovador del pensamiento islámico muerto en 2010, en la década de los 90, intelectuales asesinados como Faray Fuda o periodistas ; el caso de Argelia de los años 90 fue dramático.

        En este artículo quisiera, hablando de raíces del fundamentalismo, remontarme  un poco en el tiempo para referirme a actos fanáticos contra los intelectuales en tiempos medievales y que la historia nos recuerda para demostrar que “no todo lo que luce/lucía, es/era oro”.

          Una de las grandes acusaciones llevadas contra dichos intelectuales, filósofos sobre todo, era llamarles zanadika de zandaka  الزندقة (esta acusación se sigue utilizando hasta hoy día en un sentido que llega a la difamación). Según los diccionarios y fuentes árabes (Ahmed Amin en su obra “fayr al islam”), la palabra está prestada del vocabulario iraní; los Sasánida la aplicaban a aquellos intelectuales que no compartían la doctrina/ el zoroastrismo oficial.  

        El concepto saltó a la cultura musulmana después de que los árabes tuvieran contacto con la cultura persa. Según Ahmed Amin, el fenómeno creció en la época abasí, al-zandaka, entonces, se relacionaba con la duda y el ateísmo, y la persecución empezaría a crecer cuando la cultura arabo-musulmana dio un paso más en el debate intelectual.

        Los guardianes de la tradición designaban a todo heterodoxo que, con sus interpretaciones/ exégesis,  se convertía en un peligro. Todo  aquel sospechoso que tenía una forma de pensar distinta a la “ley islámica”, se convertía en zindik; un peligro para la seguridad nacional en nuestro lenguaje moderno. Su aplicación afectó a todas las tendencias opositoras al poder oficial político o religioso; fue aplicado a poetas, shiítas,  sufíes o filósofos..

        Los opositores se expusieron a la pena capital, condenados por herejía.. La sospecha perseguía a todo aquel que no se conformaba con la ortodoxia.

        Hoy día, las calles de cualquier ciudad de cualquier país arabo-musulmán lleva el nombre de algún intelectual musulmán de la época medieval; calle Averroes, farmacia A-rrazi, librería Avicena, sus obras fueron traducidas a tantas lenguas.. Pero ¿sabemos del sufrimiento de estos intelectuales en sus tiempos? ¿sabemos algo del sufrimiento que tuvieron que vivir por no compartir la ortodoxia impuesta?

         Una clase de “Inquisición” no declarada funcionó en la historia arabo- musulmana parecida a aquella que el pensamiento cristiano en tiempos posteriores experimentó. No me atrevería a hablar de un “INDEX de libros prohibidos”, pero muchos fueron silenciados o simplemente quemados (la peor forma de prohibir).

        El descrédito de los filósofos o místicos se llevó, en muchos casos, a su límite. Los “ulemas”;  que representaban las “escuelas jurídicas musulmanas”  y que, en el fondo,  no eran más que movimientos ideológicos que sostenían y legitimaban la voluntad del poder y competían por la hegemonía (M.Arkoun, Crítica de la razón islámica),  persiguieron a todos aquellos que no se dedicaban al estudio de la teología ( un signo de decadencia,   en la cultura musulmana la palabra “ulema” que equivale a “científico”; ahl al-ilm/ la gente de la ciencia  eran aquellos que se dedicaban a los estudios islámicos” y nadie se acordaba de los verdaderos científicos).

        En la opinión de los fundamentalistas medievales, defensores de “la sacralización de la tradición” como Ibn Taymiyya o Ibn al Qaím al-Yozia ابن القيم الجوزية,  la figura de al-Jawarizmi, Avecina,    otros que fueron  antes condenados a cadena capital como Ibn al-Mukaffaa ابن المقفع y el místico al-Hallay o  silenciados como Averroes eran unos ateos/ zanadika,..Todos éstos, a pesar de que algunos hubieran trabajado en los palacios califales, no buscaban lo que Ibn Hazm, en este texto insinuó, "El que busca el saber para jactarse de él, o para ser alabado, o para adquirir riqueza y fama, está lejos del éxito, pues su objetivo es alcanzar algo que no es el saber". El reconocimiento de “estos condenados” vendría de otro espacio geográfico… de Europa.

       

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