Junio 24, 2018

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Exclusiva: los refugiados de Manresa denuncian el maltrato Destacado

Los refugiados concentrados en la Llar Sant Joan de Déu de Manresa y que el pasado lunes denunciaban  el maltrato que  reciben de la ONG Dianova Los refugiados concentrados en la Llar Sant Joan de Déu de Manresa y que el pasado lunes denunciaban el maltrato que reciben de la ONG Dianova

“Mi hija tiene epilepsia y todavía no la ha visitado ningún médico”, “un día nos dieron leche caducada y todos los niños tuvieron vómitos y diarreas”, “me falta un brazo y una pierna y no me han dado ni una silla de ruedas”. Son tan sólo algunas de las quejas de los 80 refugiados (con más de 30 niños entre ellos) que llevan ya un tiempo en la Llar Sant Joan de Déu de Manresa y que el pasado lunes denunciaron el maltrato que  reciben de la ONG Dianova.  Esta entidad estuvo en el centro de la polémica cuando la cadena SER destapó que mantenía refugiados y toxicómanos en un mismo centro en Madrid. También se denunció que algunos refugiados cobraban en negro por realizar pequeños trabajos de mantenimiento. La ONG lo negó todo pero pocos días más tarde el ministerio ordenó realojar a los refugiados en otros centros. El ministerio afirmó entonces que no renovaría el programa de ayuda humanitaria, pero que mantendría los de acogida a los refugiados.

 

ONG sin experiencia en refugiados

Hasta el 2015 la acogida de personas refugiadas en España se gestionaba a través de tres grandes entidades: ACCEM, Cruz Roja y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. A partir de entonces, coincidiendo además con un repunte en las llegadas de personas refugiadas,  se pusieron en marcha planes de financiación europeos y se abrieron concursos públicos que han permitido la llegada de entidades sin experiencia en temas de acogida. Es el caso de Dianova, una ONG que siempre había trabajado con toxicómanos y con menores tutelados y que ganó el concurso para abrir un centro de Manresa y otro en Vic. Recibió una subvención  de más de 500.000 euros,  Dianova pasó a ser la tercera entidad receptora de ayudas a pesar de la falta de experiencia con personas refugiadas.

Quejan del maltrato generalizado

La mala calidad de la comida es lo que, según ellos mismos manifiestan a este medio, más los indigna. Hablan de pan podrido, de leche caducada, de pollo servido con plumas en la piel, de pescado con espinas para los pequeños. A todos les sirven lo mismo (pequeños, adultos, hipertensos, diabéticos) sin distinción alguna. También hablan de piojos y de sarna y de falta de atención a una menor con síndrome de Down. Manifiestan incluso que es habitual que haya ropa que se pierda o se estropee tras su paso por la lavandería, “lo mezclan todo” nos dice una refugiada.

¿Refugiados o prisioneros?

Las personas refugiadas se quejan también de la falta de atención médica y de un exceso de control. No pueden hablar con periodistas bajo amenaza de expulsión, si llegan 5 minutos tarde al horario de comedor les quitan el plato, si necesitan alguna vacuna se la deben comprar ellos. Se da incluso el caso de que los menores, para jugar, deben ir al parque municipal que tienen más cerca, porque no permiten hacerlo en las instalaciones. “Salimos de nuestro país huyendo de la represión y la dictadura, y llegamos aquí como refugiados… pero nos sentimos prisioneros”, afirma una de las personas en solicitud de asilo.

Denuncia

Las personas refugiadas explican que se han quejado en diferentes ocasiones y que nunca les han hecho caso. En su reunión con el coordinador de la entidad, Ignasi Amat, les advierten que si quieren formalizar una denuncia deben hacerlo en las 4 lenguas que se hablan en el centro (hay sirios, paquistanís, georgianos, hondureños y venezolanos).

La acogida

La prioridad de las organizaciones que se hacen cargo de la acogida el primer año de los refugiados en el país debiera ser la de dotarlos de la autonomía necesaria para que puedan continuar desarrollando su vida con la máxima normalidad. Eso tampoco está pasando en Manresa. Las personas refugiadas declaran que hay casos escandalosos como el de una familia siria, que ya lleva 6 meses aquí y debiera pasar a la segunda fase (la de vivir en un piso y encontrar trabajo), que prácticamente no entiende nada de castellano.

A todo eso, Dianova dice que nada es verdad y atribuye las críticas a la situación de tensión que sufren las personas refugiadas.

Ver mas La otra cara de la acogida de refugiados en Cataluña

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