Viernes, 16 Marzo 2018 11:12

Cuando Ataturk mira a Lenin Destacado

Escrito por Corina Tulbure, Gagauzia
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estatua de Lenin delante de la sede  de las autoridades de Gagauzia estatua de Lenin delante de la sede de las autoridades de Gagauzia C.T para TalQual Media

 A pesar de sus rivalidades geopolíticas, Turquía y Rusia se encuentran en la diminuta

República Gagauzia

   

 

 De un lado de la calle principal de Komrat, la capital de Gagauzia, se alza una vieja estatua de Lenin, gastada por el tiempo y las palomas. Del otro lado,  una nueva estatua de Ataturk, adornada con claveles. Las dos están separadas por el trafico, una mezcla de coches de la época soviética con lujosos todoterrenos, y por inmensos paneles publicitarios, situados juntos a diminutas tiendas donde se arreglan todo tipo de objetos. “Aquí ya hemos aprendido a contar solo con nosotros mismos” dice Sergey Anastasov el alcalde de Komrat, a este medio.

  La República Gagauzia (Gagauz Yeri) declaró su independencia en 1991 y en 1994 ha sido reconocida como una región autónoma dentro de Moldavia. Históricamente la mayoría de los habitantes de Gagauzia es de origen turco y practica el cristianismo ortodoxo. La población no supera las 160 000 personas. A día de hoy, los habitantes poseen todavía un pasaporte moldavo, pero la región da muestras de cierta autonomía respeto a las autoridades de Chisinau. En la calle se escucha el ruso y en casa se habla gagauzo. Los inversores en la región son turcos o rusos, aunque la zona  forma oficialmente parte de Moldavia, país  que se encuentra en un proceso de acercamiento a la Unión Europea. Y para complicar todavía más este panorama, no solo grandes poderes compiten en influencia en Gagauzia, sino que además  Gagauzia no es tampoco un territorio continuo. Está formada por distintas regiones, separadas entre ellas por pueblos que dependen directamente de  Moldavia y no forman parte de Gagauzia. A pesar de que no existan una frontera, una moneda o un pasaporte propio, ni tampoco tenga  un estatuto de independencia reconocido, los habitantes de Gagauzia intentan convertir esta incertidumbre en una ventaja.

Estatua de Ataturk al lado de la  biblioteca en Komrat

 

   

 

 Turquía, por su parte,  que mueve sus influencias políticas en el Mar Negro, ha encontrado en Gagauzia una puerta para expandir su proyección económica hacia Moldavia.  Así, por ejemplo, se ha implicado en renovar el centro cultural de Komrat, montar guarderías o centros para adolescentes, construir viviendas para personas afectadas por las inundaciones e incluso abrir una biblioteca donde se imparten cursos de turco y cuelgan fotos del Presidente de Turquía, Recep Tayyp Erdogan. Al acto de inauguración de dicha biblioteca asistió el presidente de Turquía de aquel entonces. “La biblioteca es más bien un punto de encuentro entre los jóvenes de Gagauzia y los turcos que vienen a estudiar aquí, en Komrat. Conectamos Gagauzia con la hermana Turquía” nos cuenta la bibliotecaria. Estos proyectos que apuntan a desarrollar la infraestructura o la red de escuelas y bibliotecas están financiados por TIKA, la agencia de cooperación de Turquía, que ya inició hace décadas programas en varios países de la zona, tras el colapso de la Unión Soviética. “Turquía invierte en Moldavia y en Gagauzia lo mismo que la Unión Europea. Promueve los intereses económicos de Turquía. Tiene también programas de desarrollo, pero no demanda reformas o ajustes legislativos, como la UE, ellos simplemente invierten. Ahora mismo quieren construir un instituto en Gagauzia” sigue el alcalde.

 

Los inversores llegan, pero los habitantes emigran

 Pero Komrat, que a primera vista puede parecer un pueblo grande es una puerta de entrada para negocios y acuerdos empresariales que se desarrollan sobre todo en la capital de Moldavia.

Biblioteca turca en Komrat

 

   

 

 El céntrico hotel Leogrand de Chisinau pertenece a inversores turcos, lo mismo que el principal centro comercial de la capital y el hospital privado Medpark.  La empresa Moldcell, segundo operador de telefonía móvil de Moldavia esta administrada por una empresa de Turquía. En Gagauzia los inversores privados turcos han abierto empresas que funcionan en el campo textil y que producen ropa para marcas extranjeras, como Nike. Igual que las empresas europeas, Turquía encontró en Gagauzia una mano de obra barata, debido a que el salario mínimo en Moldavia apenas supera los 100 euros mensuales.

 Si varios países compiten por poner un pie en un territorio tan diminuto y dividido como Gagauzia, muchos de sus habitantes optan sin embargo por emigrar. “Desde el instituto, los adolescentes piensan adónde van a emigrar”, comenta Irina, una joven dependienta. La causa principal radica precisamente en los ínfimos sueldos existentes, los mismos que atraen a los inversores extranjeros, pero que no aseguran la supervivencia de los empleados. Irina trabaja en uno de los supermercados de Komrat y compagina este trabajo con fines de semanas de más de 15 horas en un restaurante. A pesar de los dos sueldos, no llega a los 300 euros mensuales. “Claro que me iré, espero que crezca un poco mi hija y me voy. Ahora tiene solo un año”. Su destino serán Turquía o Italia. Añade que en Komrat se puede vivir solo si se tiene un negocio propio, no como un empleado que recibe un salario. Descontentos están también los productores de vino, un negocio de toda la vida en la zona, que desearían acceder de nuevo  al mercado ruso. “Ahora es muy difícil hacer negocios con Rusia, después del embargo sobre el vino y la fruta impuesto por Rusia en 2014”, continua  el alcalde. En el referéndum llevado a cabo en 2014, más de 90% de quienes fueron a votar apostaron por retomar las relaciones comerciales con Rusia, mediante la adhesión a la Unión Euroasiática y no a la Unión Europea.

   

 

A pesar de las inversiones del Estado Turco en la economía de Gagauzia o de los negocios rusos, los jóvenes quieren usar esta encrucijada geopolítica a su favor y disponer de un pasaporte que les permita trabajar y ganar salarios más altos en otro país. Los que tienen vínculos con Rumania intentan tramitarse pasaportes rumanos, los que emigran para trabajar en Rusia, un pasaporte ruso y otros tienen incluso pasaportes búlgaros, porque Bulgaria los considera búlgaros que hablan turco.

 

 

 

 

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