Sábado, 04 Marzo 2017 10:30

Exclusiva, reportaje sobre los niños sirios que trabajan en Turquia. “Las manos pequeñas” que cosen diez horas al día Destacado

Escrito por  Corina Tulbure, Gaziantep, Turquia
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 jóvenes en un taller de Estambul. jóvenes en un taller de Estambul. Foto . Corina @infotalqual

“Los dueños de los talleres prefieren a los niños para trabajar, tienen las manos pequeñas y manejan todo más rápidamente.” Son palabras de la madre de Wassim, profesora de francés en una escuela autogestionada de los suburbios de Estambul, en la que estudian niños sirios. Habla de su hijo que trabaja los fines de semana en un taller donde se fabrican bolsos. El niño de 10 años va de lunes a viernes a la escuela y los fines de semana trabaja entre ocho y diez horas al día.

“Solo con las 1200 liras, (un poco más de 300 euros) que yo gano no podríamos pagar el alquiler y vivir” explica la madre. Esta contenta y triste a la vez. Le gustaría que su hijo se pasase el fin de semana jugando, pero el dinero que el chico aporta a la familia le ayuda a mantener a los demás hermanos, más pequeños. Wassim, a pesar de sus 10 años, sus manos pequeñas y la baja estatura, camina y habla con la seriedad de un adulto. Dice sentirse orgulloso de poder ayudar a su madre. Desde hace meses, vive como un adulto responsable. “Seguro que si un día conseguimos el dinero para vivir, volvería a estar jugando todo el día, como cualquier niño de su edad”, añade su madre. Wassim no recuerda ya qué es ser un niño, solo sabe que tiene que ir a la escuela.

Sara trabaja también. Estudia en la misma escuela. Esta en Turquía con su madre. Echa mas horas al día, que los años que tiene. Sus pequeñas manos cosen bolsos Y algunas veces lo hacen durante 12 horas seguidas. Lo único que le queda de Siria es una cicatriz en el ojo derecho. Un barril dinamita acabo con su antigua vida en Alepo. Su padre y su hermano pequeño fallecieron en la explosión. A ella la hirió la metralla de la bomba.

“Las manos pequeñas” se pasan 10 o 12 horas al día encerradas en un taller, limpiando y sirviendo en un restaurante u horneando en una panadería. A pesar de estar en la edad de jugar y carecer de responsabilidades, muchos niños sienten que se han vuelto adultos. Quieren poder aportar algo al sostenimiento económico de la familia. Al lado de la misma escuela donde estudia Sara, existe un taller textil instalado en un gran garaje donde trabajan más de 10 niños y adolescentes. Las jornadas duran todo el día y muchos de los niños ni siquiera van a la escuela para poder trabajar allí. 

 

           un niño  en una tienda de dulces en Gaziantep                                                           Foto: Corina para infotalqual

En Gaziantep, con un simple paseo por las calles, se puede verificar como los niños y adolescentes trabajan a cualquier hora en restaurantes, tiendas de dulces o en tiendas de ropa, vendiendo y sirviendo. Son niños que no van a la escuela porque sus familias no pueden vivir sin el dinero que ellos aportan a la casa. El Bussiness Human Rigts Ressource Center  realizo en el año 2015 una investigación sobre el empleo del trabajo infantil en los talleres textiles que trabajan para diferentes marcas europeas. Este mes de febrero, el periódico Hürriyet  mostraba de nuevo la explotación de los niños sirios en los talleres en Estambul. 

 

Los niños de la calle

 “Nosotros vamos a buscar a los niños en la calle y los traemos a nuestro centro”, nos explica Salim Abdulgani que administra un centro para los niños que encuentra vendiendo chicles en la calle. El centro sobrevive con el apoyo de unos pocos donantes privados en un viejo  edificio de paredes desconchadas. Allí, un grupo de jóvenes voluntarios hacen de educadores para los niños. “Ahora tienen tablets y están enganchados, no quieren irse a casa”, se ríe el responsable del centro. En una sala con las paredes a punto de caerse, unos 10 niños prueban las tablets que una organización humanitaria ha regalado al centro y aprenden a contar. Pasan toda la mañana allí, se les ofrece una comida y, a veces, los padres reciben además una ayuda monetaria para sufragar los costes de transporte para los niños.

La responsable de fundación Casa Karim, que recibe también a niños que venden en la calle, explica que muchas veces son las mismas familias las que mandan a los niños a trabajar, porque de lo contrario no podrían sobrevivir. “Cuando nosotros vemos a los niños trabajando o vendiendo en la calle, les preguntamos por sus familias. Nos llevan a sus casas y allí hablamos con los padres. Muchas veces la situación de la familia es tan difícil que nos dicen que ellos no podrían vivir sin el dinero que aporta el niño. Entonces les pagamos nosotros una suma mensual para que el niño pueda ir a la escuela en vez de estar en la calle trabajando”. Según esta organización, en Gaziantep, el trabajo de los niños está muy extendido debido a las necesidades extremas que sufren las familias. Muchas personas llevan meses en Gaziantep sin un documento de identificación valido, sin el permiso que se emite para las personas de origen sirio que llegan a Turquía y que no equivale a un permiso de trabajo. Para obtener este último, se deben hacer otros tramites que tardan meses y los posibles empleadores deberían pagar  además las cuotas de la seguridad social. A esto se deben los empleos precarios y a veces sin ninguna garantía de cobro de los padres, situación que empuja a los niños a trabajar, en vez de ir a la escuela. Otra dificultad añadida, según la organización citada, es que en la escuela se enseña en turco, una dificultad adicional para los alumnos que no han recibido previamente clases de lengua.

 

          Un niño trabajando  en un restaurante en Gaziantep                                                   Foto Corina para infotalqual

Los niños de la calle están completamente desprotegidos, indefensos, y son extremadamente vulnerables. “La mayoría de los chicos que trabajan en la calle son los que hayan perdido a sus padres. Venden chicles, mendigan y están en una situación de vulnerabilidad extrema. Pueden ser sometidos a cualquier tipo de explotación”, explican desde la organización humanitaria UOSSM. “Pueden ser victimas de abusos sexuales, explotación laboral, incluso pueden no llegar a cobrar nada por el trabajo realizado; muchos simplemente vagan por las calles”, añade. Las familias sirias en Turquía reciben una ayuda monetaria si han regularizado su situación en el país, alrededor de 100 liras turcas, que son poco mas de 20 euros. Aunque las organizaciones humanitarias aclaran que el Gobierno turco ofrece estos documentos de identificación y el acceso a la sanidad publica, muchos niños trabajan y viven en las calles. “Hay una coordinación entre diferentes organizaciones y el Gobierno turco, pero queda mucho por hacer, porque estos niños necesitan una rehabilitación completa, atención psicológica, protección, educación, soporte legal y bienes materiales para que ellos y sus familias puedan vivir” insisten desde la organización Karim. 

 

 

 


 [Office1]https://business-humanrights.org/en/syrian-refugees-in-turkish-garment-supply-chains-an-analysis-of-company-action-to-address-serious-exploitation

[Office2]http://www.hurriyetdailynews.com/foreign-child-workers-exploited-in-sweatshops-in-istanbuls-kucukpazar--.aspx?pageID=238&nID=109944&NewsCatID=341

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