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Reino Unido después del Brexit, el racismo sale del armario Destacado

By Rachid El Younoussi Julio 18, 2016

El resultado del referéndum celebrado en el Reino Unido a finales del mes pasado y que acabó dando el triunfo a la salida del país de la UE parece que ha encendido la alarma social. El racismo y el nacionalismo estrecho salen del armario en filas y se convierten en una herramienta útil para captar público entre los partidos de extrema derecha. El miedo toma la posición dos semanas después del Brexit.

 

El prestigioso diario británico The Independent publicó en un informe que los actos racistas de odio y rechazo se multiplicaron por cuatro y en algunos sitios por cinco. Lemas de odio en paredes, sedes de asociaciones polacas atacadas, algunas personas en lugares públicos como supermercados gritan “Eres polaco, portugués o español, tienes 48 horas para hacer la maleta”.

Los periodistas tampoco están a salvo. Una reportera de la BBC de origen paquistaní publicó en su Twitter: “En total shock: acaban de llamarme (insulto) en mi propia ciudad. No se oía esa palabra aquí desde los años 80!”. “Debemos ser absolutamente claros con que este gobierno no va a tolerar la intolerancia ni las intimidaciones a migrantes diciéndoles que se tienen que ir de casa”, dijo la portavoz de Cameron. Pero ella cayó en el mismo error. No son los inmigrantes quiénes son objetivo de acciones racistas, sino ciudadanos británicos cuyos padres, abuelos o bisabuelos nacieron allí.

Sayeeda Warsi, nacida en 1971, es una británica abogada y miembro de la Cámara de los lores, y advirtió que los inmigrantes han sido parados en la calle y les han dicho: “¡Fuera del país!”. “Han parado a personas nacidas en el Reino Unido que eran descendientes de inmigrantes, no a propios inmigrantes.” “Hemos votado dejar Europa, es hora de que te vayas”. Es la frase que se le decía a los blancos de origen europeo. Mucha gente ha tenido miedo de hablar por teléfono en polaco o romano. A los musulmanes se les dice “Refugiados no bienvenidos” o “Todos terroristas”. Una escena que da miedo y que han hecho pública la mayoría de los medios.

Max Fras, consultor de Polonia en proyectos educativos europeos, vive en Londres y declaró a The Guardian que mientras estaba en un supermercado con su hijo pequeño un hombre blanco se puso muy agitado en la cola de la caja y comenzó a gritar: “Esto es Inglaterra ahora. Los extranjeros tienen 48 horas para hacer las maletas. ¿Quién es extranjero aquí? ¿Cualquier persona extranjera?” Fras dijo que el hombre comenzó a interrogar a la gente en la cola, preguntando por su origen. “Señaló a otro joven frente a él y le dijo: ¿De dónde eres? ¿Eres español? ¿Italiano? ¿Rumano? A lo que el otro respondió: “No, soy inglés”, dijo Fras.

Ana Holland, casada y con dos hijos, es administrativa de origen catalán y en unas declaraciones a infoTalQual muestra dudas de las cuatro décadas que ha pasado en el país de las maravillas: “Después de 40 años aquí es como si durante todos este tiempo la relación con este país haya sido una mentira. Antes del último fin de semana no había pensado en ello. Este país ha sido un refugio desde que vinimos aquí a vivir y ahora es como si no nos quisieran. Los políticos, las noticias, parecen obsesionados con la nacionalidad y el país de nacimiento de la gente. Yo siempre he pensado que este país era tolerante y de repente, ¿todo ha cambiado?”

Sí. Todo ha cambiado. La Europa del norte que formó el cimiento de la revolución burguesa liberal, la Europa del norte que se enseñó en las escuelas como base de los valores de la ciudadanía, los principios de la democracia, la justicia, la garantía de las libertades y la convivencia positiva hoy está temblando, y le toca dónde le duele más, en el pilar industrial de dicha revolución y de tales valores.

                                                         Daniel Ribot en su casa de Leicester 

Para Daniel Ribot, escritor de novela negra, residente de Leicester y, cómo no, aficionado al equipo de la ciudad, el Leicester Football Club, conocido por su apodo, The Foxes, y que ganó la Premier League esta temporada por primera vez en su historia, explica a este medio que el discurso a favor del Brexit ha tenido un enfoque casi exclusivo sobre la cuestión de la inmigración, aumentado por la crisis de refugiados que vienen a Europa procedentes de Siria e Irak. “Partidos de la derecha populista y la prensa amarillista han enmarcado el debate sobre la imposibilidad de controlar las fronteras dentro de la Unión Europea, algo que es mentira, ya que el Reino Unido cae fuera del espacio Shenegen y tiene sus propios controles. La percepción es que el país está lleno y los inmigrantes distorsionan el mercado laboral disminuyendo los salarios de la población nativa con menos recursos. La crispación del debate ha legitimado a grupos fachas que han usado las tensiones generadas para aumentar la propaganda anti-islámica”.

La rapidez y la envergadura refleja que la ciudadanía británica está radicalmente dividida y solo esperaba alguna excusa para manifestarse y salir del armario en este aspecto. ¿Cómo lo valoras? ¿Cuáles piensan que son los motivos, ya que el sentimiento contra Europa no viene de ayer. “El partido conservador es euroescéptico porque cree que Bruselas es antidemocrático. La Tatcher votó contra la extensión de las competencias del Parlamento Europeo en el Tratado de Lisboa. La prensa amarillista como The Sun y The Times, de Rupert Murdoch, el Daily Mail de Lord Rothermere y el Daily Express de Desmond no pierden ocasión para recurrir al cuento de que Europa es corrupta y los ingleses no, que Europa es antidemocrática y el Reino Unido no gracias a su cámara de lores, y que pagamos dinero a Europa que podríamos usar para resolver todos nuestros problemas y volver a nuestra grandeza y nuestro destino. De hecho la narrativa es la típica formulación del Gigante en cadenas: la fe de que solo hay un obstáculo que tenemos que superar para volver a la grandeza. Ese obstáculo para el gigante británico por lo visto es la Unión Europea”.

Dani, nos cuenta que el voto dividió el país. Las grandes ciudades votaron para quedarse, especialmente las que cuentan con universidades y mayores niveles de educación, además de poblaciones más jóvenes. La gente favorable al Brexit es la clase media de provincia, la clase obrera que se ha sentido abandonada por la clase política desde que destrozaron el Estado de bienestar en los años 80, los jubilados… Escocia, Gibraltar e Irlanda del Norte votaron por quedarse. Inglaterra y Gales por salir. Hay una división entre los conservadores, que quieren garantizar el estatus de los europeos ya residentes por razones humanitarias y para demostrarle al mundo que no son una pandilla de visigodos racistas. El resto, los más radicales, la mayoría, quieren usar a los europeos residentes como parte de la negociación después de la activación del artículo 50.

En fin, no se ha solucionado nada. Para Dani, “los británicos con nacionalidad la mantendrán, claro está, junto a sus derechos de residencia ilimitada y pasaporte español (europeo). Mis derechos quedan igual. La gran incógnita es cómo verán los ingleses su reducción de derechos de viaje y residencia en Europa en comparación con los europeos residentes.”

Mientras el racismo cultural en Francia está basado principalmente en hechos históricos como la Guerra de Argelia o en España está forzado por el imaginario colectivo del papel del moro desde la Reconquista hasta la Guerra Civil, pasando por las glorias en las Américas, en Inglaterra, pilar industrial de la revolución europea del siglo XVI todo se basa alrededor de la economía. En gran parte el rechazo al otro está basado en conceptos económicos, especialmente el trabajo.

 

El racismo cultural británico se puede colocar en el contexto de la evolución urbana. Los trabajadores de diferentes creencias empezaron a estabilizarse a principios de los experimentos industriales en las grandes ciudades del reino. El racismo blanco británico ve a los inmigrantes como competidores para los puestos de trabajo y no como una amenaza ideológica, política o de creencias. Así para los británicos racistas no es importante el color, la religión o el país. Se concentran mucho más en los puestos de trabajo. Acusar a las personas de origen inmigrante, que muchas veces son la cuarta o quinta generación y no guardan relación con sus países de origen, abre un debate de identidad, lo que puede empujar a una clase social, los hijos de Bretaña, a cerrarse y radicalizarse como respuesta al crecimiento del odio y la discriminación. En este caso el único ganador no será la sociedad británica, sino las organizaciones terroristas como ISIS.

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