Domingo, 31 Mayo 2015 16:43

¿Qué implica una alianza entre Turquía y Arabia Saudí?

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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan junto all rey Salman bin Abdulaziz en la capital saudí, Riad   El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan junto all rey Salman bin Abdulaziz en la capital saudí, Riad fotografía: AFP

Cagri Ozdemir:  La remodelación dinástica en Arabia Saudí en los primeros días de 2015, convirtió al reino en más intervencionista a partir de la primera mitad del año. Una actitud hostil de contrapeso hacia Irán, la intervención militar en Yemen, el aumento de su participación en la guerra de poder en Siria y una actitud menos amable hacia Abdel Fattah Al-Sisi de Egipto, han sido las señas de identidad de los primeros cinco meses del reinado de Salman bin Abdulaziz.

 

En cuanto a Turquía y Egipto, cuando el presidente Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo egipcio Al-Sisi coincidieron en visitas oficiales separadas a Arabia Saudí en días sucesivos en febrero, Erdogan señaló una potencial reconciliación con Egipto. "Egipto, Arabia Saudí y Turquía son los países más importantes de la región. Todos tenemos deberes para lograr la paz, la calma y el bienestar de la región", dijo a los periodistas.

Desde el golpe de Estado en el verano  2013, las relaciones entre Turquía y Egipto se han mantenido frías debido a la caída del primer presidente electo del país, Mohamed Morsi, y las relaciones amistosas entre Turquía y Egipto se fueron por el desagüe. En ese momento, el presidente Erdogan reprendió fuertemente a los militares de Egipto y llamó a consultas a su embajador.

Desde la muerte de rey saudí Abdullah, sin embargo, parece ser que una nueva ecuación multidimensional está en juego. Mientras Arabia Saudí -un país que es muy consciente de la influencia iraní en los chiíes de la región- está trabajando activamente para contrarrestar a Irán bajo el liderazgo del rey Salman, Turquía es la primera y más influyente potencia regional que puede permitir que esto suceda.

"Los saudíes, conscientes de la influencia de Irán en los chiíes y otros musulmanes no suníes, quieren empujar a Turquía y Egipto al bloque que quieren formar. Sí, es cierto;  quieren hacer uso de la vasta población suní de Turquía, que además mantiene una buena relación con Europa y es miembro de la OTAN", escribió Murat Yetkin en su columna del diario Radikal en marzo. "Los saudíes quieren atraer a Egipto y Turquía a este frente anti-Irán".

A pesar de que es evidente que la nueva administración de Arabia bajo el reinado de Salman ha adoptado una política exterior proactiva, las circunstancias y condicionantes para que Turquía suba a bordo de la alianza sunita no deben ser subestimadas.

En Siria, el único objetivo de la comunidad internacional ha sido detener al grupo Estado Islámico (EI) y no ha habido voluntad para abordar al régimen de Asad como ha pretendido Turquía, que ha estado durante mucho tiempo haciendo campaña para iniciar un asalto al 'presidente' del régimen sirio.

Turquía solicitó el apoyo de sus aliados de la OTAN para atacar al régimen de Asad, lo cual estuvo lejos de convertirse en una realidad. La coalición internacional optó por luchar contra E.I., dejando a Turquía solo en su campaña para eliminar a Asad.

Mientras el apoyo a los rebeldes sirios moderados cobró impulso en los últimos meses, gracias a un programa de equipación y entrenamiento coordinado entre Turquía, los EE.UU., Arabia Saudí, Jordania y Catar, el vecino del norte de Siria también supuestamente ha desarrollado sus propios medios para hacer frente a la administración siria.

 

Entrelazando objetivos

Bajo estas circunstancias, el bloque suní que los saudíes están buscando puede hacerse realidad a partir de diversas posibilidades. Irán -la mayor preocupación de los saudíes, como se vio en la intervención saudí en Yemen- ha mantenido ocupado a Salman, intentando forjar una nueva alianza en la región con la ayuda de Turquía.

A cambio, se ofreció a Turquía un mayor compromiso en el apoyo a los combatientes anti-Asad en el terreno, especialmente a través del envío de armas y municiones a facciones moderadas en Siria. Algunos informes incluso afirman que los saudíes y los turcos forjaron una alianza para ir más allá con ataques aéreos directos contra posiciones del ejército de Asad e incluso desplegar tropas terrestres.

Antes de las elecciones generales del 7 de junio en Turquía, tal operación está lejos de la realidad debido a que la opinión pública en el país se opone firmemente a cualquier tipo de actividad militar en Siria. De acuerdo a una encuesta realizada a finales de 2014, más del 60% de la población turca se opone a la intervención militar en Siria, incluso como parte de una fuerza de coalición respaldada por la OTAN o los Estados Unidos.

El discurso anti-Asad del gobierno turco no es un secreto, pero su apoyo clandestino a algunas de las facciones armadas en Siria nunca podrá ser verificado. Desde hace algún tiempo, las denuncias sobre el papel de Turquía apoyando a grupos afiliados a Al-Qaeda, especialmente al Frente Al-Nusra, empujaron al gobierno turco a ponerse a la defensiva, negando rotundamente estas afirmaciones.

Una gran historia con repercusiones nacionales -que ha mantenido a la opinión pública turca ocupada desde enero de 2015- fue cuando camiones que pertenecen a la Organización Nacional de Inteligencia de Turquía (MIT) fueron detenidos por la gendarmería local y militares revelaron que la carga completa consistía en armas y municiones; el (AKP) Partido Justicia y Desarrollo gobernante fue acusado de enviar armas a los rebeldes de línea dura en Siria.

Los arrestos militares posteriores y la tendencia del gobierno a ocultar y encubrir los "temas sensibles" levantaron sospechas, sobre todo entre los partidarios del opositor en el exilio Gülen.

El 29 de mayo, el diario turco Cumhuriyet publicó documentos filtrados sobre la pertenencia de los camiones al MIT, confirmando los informes de que el carga contenía armas y municiones.

 

Dar y tomar

En el contexto de una creciente cooperación entre Turquía y Arabia Saudí y sus objetivos entrelazados, algunos analistas subrayan la racionalidad de este acercamiento como una situación de ganar o ganar.

Mohammed Al-Zulfa, un ex miembro consultivo del Consejo de la Shura de Arabia Saudí, piensa que el reino quiere mejorar las relaciones con Turquía y dijo a un periódico saudí que:  "Una convergencia de puntos de vista (con Turquía) podría reducir el expansionismo iraní".

De acuerdo con Oytun Orhan, un investigador del Centro de expertos de Estudios Estratégicos de Oriente Medio (ORSAM) con sede en Ankara, los saudíes han llegado finalmente a darse cuenta de que el reino ya no puede hacer frente a los problemas a largo plazo con los métodos antiguos.

"Irán tiene superioridad táctica contra Arabia Saudí en la región a través de su delegados en Irak, Siria y Líbano", escribió Orhan recientemente. "(Contra Irán) Yemen, fue el primer campo de pruebas, donde más allá del apoyo financiero, los saudíes han emprendido un papel de liderazgo militar".

La realineación de la política exterior de Arabia no se reserva a su compromiso contra Irán. Egipto de Sisi y sus esfuerzos contra la Hermandad Musulmana ya no son la principal fuerza impulsora detrás del apoyo saudí a este país. Los observadores señalan que la visión que tienen de Egipto el recién nombrado príncipe heredero Muhammad bin Nayef y el rey Salman, difiere ampliamente de la de sus predecesores.

Según Abdullah Aydogan Kalabalik, el representante de El Cairo de un ‘think-tank’ con sede en Ankara, el principal peligro en la región para Arabia Saudí es ahora Irán, no la Hermandad Musulmana. "El avance hutí en Yemen determinó la percepción de la amenaza iraní para los saudíes, y esto se ha visto reflejado en las prioridades cambiantes con respecto al tratamiento hacia Egipto", argumentó Kalabalik.

"La nueva administración en Arabia Saudí apoya la rama yemení de la Hermandad Musulmana en contra de los hutíes respaldados por Irán. Es por esta razón que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Arabia ya está revisando sus relaciones con Turquía y Catar”.

Kalabalik argumentó, además, que las relaciones entre Turquía y Arabia continuarán mejorando, pero advirtió que el reino no formará una alianza chiita a costa de perder un aliado estratégico como Egipto. En otras palabras, si bien Turquía no está dando señales de una reconciliación potencial con el Egipto de Sisi a corto plazo, Arabia Saudí no suavizará su postura en contra de la Hermandad.

La reconciliación entre Turquía y Egipto a largo plazo podría ser una perspectiva, pero mientras tanto, el apoyo de Turquía a los saudíes en Yemen y el respaldo de Arabia a Turquía en Siria parece ser el esqueleto de la alianza anti-chií.

Sin embargo, según algunos analistas de política exterior de Turquía, el bloque anti-chií podría ser un terreno resbaladizo para Turquía. Para el columnista de Al-Monitor, Semih Idiz, las reacciones mixtas de Erdogan hacia Irán con respecto a la lucha sectaria en la región y su apoyo inicial a los saudíes en Yemen es confuso.

"Es de destacar que Erdogan ha tratado recientemente de distanciarse de forma activa de cualquier sugerencia de que él alberga simpatías sunitas contra los chiítas", dijo Idiz.

Este enfoque contrasta con su afrenta contra Irán no hace mucho tiempo, cuando acusó a Teherán de competir por el dominio regional, y prometió el apoyo diplomático y logístico a las operaciones saudíes contra los rebeldes hutíes en Yemen, que están respaldados por Irán.

Ser parte de este frente anti-Irán según Murat Yetkin del diario Radikal, está en contra del principio del Estado turco de "paz en casa, paz mundial". Yetkin argumentó que Turquía sabe desde hace mucho tiempo que la paz con Irán no puede menoscabarse, ya que los dos países han estado compartiendo una frontera indiscutible desde 1639.

La formación una alianza turco-saudí -y potencialmente turco-egipcia- podría ser algo que los árabes sunitas, Israel y los EE.UU. querrían, pero sus efectos sobre las relaciones de Turquía con Irán podría tener graves repercusiones mucho más complejas y más profundas para las relaciones de Turquía con su vecino oriental, en comparación con los demás posibles miembros de la alianza.

La seguridad energética, el comercio y la estabilidad política regional son sólo las primeras cuestiones a considerar.

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