Martes, 29 Noviembre 2016 20:15

Sirin Adlbi Sibai: El silencio ante el genocidio sirio tendrá consecuencias a nivel mundial Destacado

Escrito por Corina Tulbure
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Sirin Adlbi Sibai Sirin Adlbi Sibai InfoTalQual

Sirin Adlbi Sibai es pensadora musulmana decolonial, autora del libro La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial (editorial Akal) y activista siria en contra del régimen de Assad. En su libro propone una lectura del sistema-mundo desde la periferia y deconstruye los discursos normalizados en las sociedades occidentales, los patriarcados occidentales y del mundo árabe-islámico.

 ¿Cómo funciona hoy día la colonización?

La colonialidad que instituye el sistema-mundo moderno-colonial se traduce hoy en unas formas complejas de racismo cultural, que, en base a la teoría fanoniana del racismo que desarrollan Boaventura o Grosfoguel, esto viene a significar que se van a usar elementos culturales como marca de inferioridad y superioridad reproduciendo la misma jerarquía colonial-racial de la expansión colonial europea. Será una forma de racismo que sin embargo no estará desvinculada de su forma biológica anterior; naturalizará y esencializará las culturas de los colonizados, ahora tercermundistas, subdesarrollados o antidemocráticos. La colonización funciona a través de una amplia red de dispositivos que generan la producción de un “sujeto occidental” privilegiado como el único sujeto que es, como sujeto existente. Y la producción de este Ser implica simultáneamente la producción invisible del No Ser, que es como son producidos todos los otros que no son este Ser. Como subalternos, como no sujetos, como objetos coloniales de análisis e intervención a los que les son usurpados un lugar de enunciación. En el No Ser es posible la aplicación de todo tipo de violencia para la resolución de los conflictos. Un ejemplo lo constituye el trato a los refugiados en las fronteras europeas, la posibilidad de violar el Derecho Internacional y negarles la posibilidad de huir del genocidio del que son víctimas en Siria, entre otros lugares, por parte del régimen asadí-ruso-iraní en complicidad con la misma UE, la ONU y EEUU y por supuesto, así como toda la maquinaria mediática que los representó como salvajes incivilizados y una amenaza a los valores europeos para posibilitar dicho ejercicio de deshumanización.

En relación con los debates que se dan sobre el cuerpo de la mujer, ¿crees que hay una colonización de los afectos? Es decir, ¿se está imponiendo una manera de sentir el cuerpo y las relaciones con los demás?

La colonización afectiva se ha dado desde el principio, porque toda colonización es una colonización de la subjetividad de las personas: cómo se identifican, cómo desean, cómo piensan, cómo sienten, etc. Se trata de una colonización completa que se ejerce sobre el individuo y sobre todos los niveles del ser y de la consciencia de cada individuo.

Se pretende uniformizar la relación con el cuerpo. En mi libro hablo de la colonización por parte del patriarcado occidental del resto de patriarcados en el mundo. Mi interpretación se basa una nueva lectura de Fatima Mernissi; ella habla de las diferencias entre el patriarcado occidental y el patriarcado en la cultura árabe-islámica. Lo que yo añado es que Fatima Mernissi no se ha dado cuenta de que el patriarcado occidental ha colonizado el patriarcado en las sociedades árabe- islámicas. El resultado es un engendro patriarcal en el que aparecen mezcladas las formas patriarcales locales con las formas patriarcales occidentales y su particular forma de construir a las mujeres como objetos sexuales. Eso se ha dado en todas las partes del mundo de diferentes maneras: en los lugares donde no había un patriarcado, se ha fundado uno, en otros se han reforzado los patriarcados locales, transformándolos también, y en otros han sustituido el patriarcado local por el occidental. Esto es muy importante a la hora de pensar en las luchas concretas de las mujeres y en cómo debemos complejizar las maneras de analizar las diferentes estructuras de poder que afectan de modo interseccional nuestras vidas.

¿Es también una colonización del cuerpo, violenta, porque afecta lo más íntimo...?

Cuando te dicen cómo tienes que vestirte o desvestirte, de hecho te obligan a relacionarte con tu cuerpo de cierta manera. La colonialidad se traduce en estas micropolíticas que afectan al cuerpo, a cómo entendemos nuestro cuerpo, actúa en todos los niveles. Y no sólo sobre el cuerpo, sino que también impone una representación de este cuerpo en la sociedad o una definición del espacio público y privado. Son visiones Occidentales del cuerpo y de la sociedad que se imponen sobre el resto del mundo, callando el modo en que las personas se entienden a sí mismas, en que entienden lo material, lo espiritual. Por eso en mi libro hablo de „ una cárcel epistemológico-existencial y espacio temporal”.

En todos los lugares, la sociedad le dice a la mujer qué debe ponerse o qué debe quitarse. ¿Cómo se libera el cuerpo de la mujer de esta neurosis?

Las neurosis sociales se proyectan en los cuerpos de las mujeres como en un espejo y eso se está reflejando en los debates alrededor de la cuestión del hiyab. Es una obsesión con los cuerpos de las mujeres que de hecho resumen un intento de controlar los cuerpos. Frente a esto, muchas mujeres musulmanas reclaman una forma de llevar el hiyab como una actitud espiritual que quiere rescatar el islam de las formas patriarcales occidentales y también de las formas patriarcales en las culturas áraboislámicas. Somos conscientes de que este patriarcado quiere regular o imponernos qué significado hay que darle al hiyab o de qué manera debemos llevarlo o dejar de llevarlo.

¿Por qué algunas feministas occidentales niegan el feminismo islámico?

Existen formas de racismo epistemológico y cultural que se encuentran en la base de esta negación. Sólo es posible plantear la ecuación del supuesto oxímoron (la antítesis entre feminismo e Islam) a partir de la producción de lo que yo llamo el objeto colonial “mujer musulmana con hiyab” como el símbolo de la opresión femenina universal, construcción que no tiene ninguna existencia real fuera de la lógica de los discursos coloniales y que va a justificar tres ejercicios violentos. En primer lugar, los intereses geoestratégicos, geopolíticos, geoeconómicos y geoideológicos de Occidente quedan ocultos: se va a Afganistán, a Iraq o a Mali para “salvar” a las mujeres, no a buscar salidas a la industria armamentística, y a explotar los recursos energéticos, como el gas o el petróleo, por ejemplo. Luego se oculta la responsabilidad directa de Occidente en la perpetuación de crisis, guerras, pobreza, dictaduras y opresión generalizada. La situación en la que vivían y aún viven las mujeres afganas, por ejemplo, se debe en parte al ascenso de los ex-amigos talibán al poder, gracias al apoyo logístico y armamentístico estadounidense para que lucharan contra la URSS en su momento, y posteriormente, a la guerra que EEUU perpetró durante 10 años en nombre de una liberación de las mujeres que se ha realizado mediante su asesinato, violación y la conversión de su país en el primer narco-Estado a nivel internacional. En tercer lugar, el objeto colonial “mujer musulmana con hiyab” comprendido como lo que Bartra llamaría “el salvaje en el espejo”, como una construcción que como dijo Mohanty, tiene efecto boomerang, nos devuelve automáticamente la imagen de una mujer occidental libre, liberal y liberada que va a silenciar los grandes retos que aún quedan por superar aquí: ¡una de cada tres mujeres europeas hemos sufrido algún tipo de violencia machista!

Por lo tanto, hay que hacer visible ese racismo que está dando lugar a que se esté ejerciendo por parte de estas mujeres occidentales una nueva forma de patriarcado contra las mujeres no occidentales. Por ejemplo imponer cómo deben vestir o no vestir o qué tipo de liberación deben realizar, sin respetar su forma de ver, existir o estar en el mundo, su forma de ver sus cuerpos. Creo que estas formas de violencia que se ejerce sobre las mujeres dan lugar a políticas que tienden a aniquilar todos los discursos de liberación de las mujeres musulmanas. Por todo ello es necesario un trabajo de deconstrucción de estos discursos.

¿Por qué hubo tan poca solidaridad por parte de las mujeres occidentales con las mujeres de la revolución siria?

Aquí nosotras, las sirias, vivimos una tragedia diaria redoblada. No sólo estamos asistiendo en directo a un genocidio, sino que además vivimos la negación de este genocidio por culpa de la guerra mediática que el régimen ha llevado contra nosotros por medio de la negación de lo que ocurre, al afirmar que allí sólo existen unos terroristas empujados por los imperialistas. Eso hace que algunos sectores de la población y de la izquierda nieguen lo que está pasando en Siria; incluso si ven las imágenes las niegan y dicen que se trata de una manipulación. Y una de las cosas que más duele es que cuando nosotras denunciamos el genocidio en Siria, lo primero que se nos dice es: „no, eso es muy complejo y hay que hacer un análisis más profundo, estáis manipulados, etc” Lo que sucede es que todas estas personas son víctimas de una maquinaria propagandística brutal, la del régimen, que desde el primer momento en que salimos a manifestarnos, nos ha tachado de terroristas. Y de ahí que no haya existido un movimiento de solidaridad muy grande. Porque durante la guerra de Irak fue precisamente esa izquierda la que se solidarizó con el pueblo iraquí, y esa misma izquierda niega ahora el hecho de que en Siria haya existido una revolución. Para mí, eso viene de un racismo invisible y de una mentalidad colonial, porque lo que están diciendo en realidad es: “estos árabes son incapaces de levantarse, de exigir su libertad, etc.” ¿Acaso nosotros no podemos exigir nuestros derechos, justicia y dignidad? Detrás de este discurso se identifican las formas de ese racismo invisible. El primer genocidio lo llevan a cabo Assad, Rusia y las milicias sectarias iraníes, iraquíes, libanesas y kurdas, en complicidad con la UE, las Naciones Unidas, EEUU e Israel… el segundo genocidio es de los discursos de un sector de la izquierda que silencia el genocidio y apoyan la dictadura. El pueblo sirio está solo. Parece como si el mundo entero se hubiera puesto de acuerdo para aniquilar al pueblo sirio y para no permitir que alcance la democracia. Claro, eso supondría la soberanía del pueblo sirio sobre sus recursos y su destino y eso no se va a permitir, no van a permitir que levantemos cabeza, va en contra de los intereses del sistema. Ahora mismo, mientras hablamos, hay más de 250 000 personas en la parte sitiada de Alepo y los están asesinado a las claras, delante de todo el mundo ante la pasividad evidente de la Comunidad internacional.

¿Y las Naciones Unidas?

Son cómplices por activa y por pasiva del genocidio del pueblo sirio. Dentro de unos años se producirán documentales y dirán: “!ay, qué horror, qué es lo que sucedió, qué tristeza!”. Pero ahora no hacen nada, no intervienen. Creo que todo eso tendrá unas consecuencias terribles para todo el mundo. Es decir, ha empezado en Siria, pero afectará a todo el mundo. El silencio ante el genocidio sirio tendrá consecuencias a nivel mundial y empezamos a verlo. Están cayendo ahora, uno a uno, los hipócritas velos discursivos del sistema. El sistema nos está mostrando su realidad en toda su crudeza y sin paliativos: la violencia, el racismo y el colonialismo.

¿Qué piensas sobre la prohibición del uso del velo?

Los que defienden la prohibición del velo en el espacio público están considerando el hiyab como un símbolo religioso. Y lo que tienen que comprender es que lo laico debería ser el espacio público, no los cuerpos de las personas. Cada persona debería ser libre de escoger cómo vestir o cómo expresarse. En segundo lugar, está claro que hay unos objetivos detrás de estas prohibiciones, porque se visibiliza de una cierta manera a los musulmanes y, a la vez, se promueven políticas restrictivas. En nuestra sociedad, el uso del hiyab no es una preocupación real de la gente, sino un asunto fabricado para implementar políticas concretas tanto fuera como dentro de las fronteras europeas.

¿Cómo frenamos la creciente islamofobia?

Primero hay que saber que la islamofobia no se refiere sólo a una serie de prejuicios, no se trata solo del odio hacia el islam o los musulmanes, sino de formas de racismo institucionalizadas muy profundas. Es obvio que no se acabará con eso de un día para otro. Necesitamos un cambio sistémico profundo para acabar con la islamofobia y con otro tipo de fobias y racismos en otros niveles que construyen a personas de diferentes grupos o culturas como objetos o subalternos. De momento la victoria de Trump, y todo lo que Trump significa sólo va a empeorar el panorama. El hecho de que ahora se lleven a cabo discursos racistas de una manera tan abierta en los medios, violando todo sentido común, va a hacer que todos los discursos racistas se robustezcan de manera brutal. Es un peligro, y la gente ya está sufriendo, los musulmanes, los africanos o los latinos. Estamos volviendo a los años 30 del siglo pasado.

 

 

 

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