Abril 26, 2018

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LOS INTELECTUALES MUSULMANES Y EL VALOR DE LA TOLERANCIA Destacado

 

        Cuando el pensamiento musulmán fue “invadido” por los valores occidentales, los intelectuales intentaron, para defenderse y allí cometieron un error, buscar a cada valor occidental una referencia que le iguala en “nuestra tradición”. Así compararon entre la “democracia europea” y la “chura” o la “consulta” en la tradición musulmana, los “ahl al-hal wa al-akd” (los que atan y desatan) y el “Parlamento” o “Cámara de representantes”, “igualdad” y Justicia en el Corán”.

        Los intelectuales musulmanes tradujeron la palabra “tolerancia” con la palabra “tasamuh”. En “lisan al-arab” de Ibn Mandur “samaha” significaba “dar y ofrecer” “ hospitalidad”. Pero el concepto “samaha” de Ibn Mandur no tiene nada que ver con la palabra “tolerancia” como es conocida hoy.  ¿Qué quiere decir? O la “tolerancia” no formaba parte del lenguaje clásico árabe, o era algo impensable porque no formaba parte de la mentalidad medieval como veremos con M. Arkoun.

        El valor de la tolerancia fue tratado por muchos pensadores musulmanes desde la época de Nahda. Yamal ad-din Al- Afgani tuvo una visión negativa de este valor porque según él, insistía en la libertad religiosa e individual. Así, pensó al-afganí, hay que tener en cuenta la realidad histórica, que este valor era una cobertura que escondía   los intereses coloniales que eran, siempre según al-afganí, romper la unidad religiosa que formaba, entonces, la base de una unidad política.

        Muhammad Abduh mantuvo la misma visión que tuvo, antes, su profesor, aunque intentó tratar el tema en una obra “al-islam wa nasraniya bayna al-ilm wa al-madaniya” (Islam y cristianismo entre la ciencia y la civilización). Abduh trató de defender la “tolerancia” en el islam en respuesta a sus contemporáneos, sobre todo los occidentales como Ernest Renán, insistiendo que el islam y los musulmanes habían respetado a las otras religiones y sus “fieles”, como por ejemplo en la España medieval. 

        La tendencia laica en la sociedad arabo-musulmana entendió que, para conseguir una tolerancia en la sociedad musulmana, habría de dar un paso y que era la separación de la religión y el Estado. Esta visión la defendía, más concretamente, los cristianos árabes, como por ejemplo el libanés Farah Antoine que defendía la laicidad y la unidad de las religiones sobre todo en países donde convivían distintas religiones y minorías.

        Los intelectuales contemporáneos musulmanes también han tenido debates sobre el tema de la “tolerancia”, y hay distintas visiones:

        Muhammad Arkoun entiende, en un artículo sobre “tolerancia e intolerancia en la tradición musulmana”, que no podemos entender el concepto “tolerancia” sino lo comparamos con “intolerancia”. Arkoun insiste en que la “tolerancia” como concepto y valor no se conoce, históricamente, en el pensamiento musulmán y “se considera uno de tantos elementos que eran impensables en la cultura musulmana”. Como práctica tampoco existía este valor, porque no se daban las condiciones, y una de las condiciones que ponía Arkoun, era la ausencia de una sociedad civil llena de cultura filosófica y crítica. La ausencia de un Estado de derecho que protege al ciudadano y le permite la libertad de expresión tampoco favorece la tolerancia. 

        Para Arkoun, y viendo su forma de analizar los temas y la metodología con que trabaja, la ausencia y falta de tolerancia era algo común en todo el pensamiento medieval. Este es fruto de la “razón religiosa o teológica” o como le llama también la “razón ortodoxa”. Para Arkoun, esta “razón” no permite mucha tolerancia en su sentido conocido hoy día. Como máximo, se podía hablar de una cierta “tolerancia negativa” que los árabes podrían haber entendido de los conceptos como al-hilm, a-chafaqa o al-gofrán, y era una clemencia que encubre al más débil por parte del más fuerte o por parte del ganador frente al perdedor. Algo que no tiene nada que ver con la tolerancia como uno de los valores de la modernidad.

        Arkoun concluye que no se podía caer en el error histórico, para él el valor de la tolerancia es moderno y sólo existe en la tradición europea de los últimos siglos.

        Muhammad Abid Al-Jabri tiene una visión distinta que expone en una obra titulada “al mutakafun fi al hadara al-arabia” (los intelectuales en la civilización árabe). Para este intelectual, que se dedica a “la crítica de la razón árabe”, hay que “adaptar el valor de la tolerancia a nuestra cultura”.

        Según al-jabri existe una necesidad para adoptar este valor, incluso buscarle unas “referencias en nuestra cultura musulmana”. La necesidad nace de los problemas en los que hoy vegetan las sociedades musulmanas: el fanatismo en nombre de la religión o en contra de la religión, la limpieza étnica, el pensamiento único y la teoría del “choque de civilizaciones”.

        ¿Cómo cuaja el valor de la tolerancia en la tradición musulmana según Al-Jabri?

        Através de la “exploración en nuestra cultura” al-Jabri examina las posiciones de distintos intelectuales musulmanes de la Edad Media, y encuentra su objetivo en dos conceptos: al-iytihad y al-adl (justicia). Si “dar la prioridad al otro” es el eje que sustenta la tolerancia, Para al-Jabri, las tendencias intelectuales conocidas en la época medieval son portadoras de ese valor. Los mu’tazilíes, Ibn Roschd e Ibn Arabí fueron voces de la tolerancia. Todas estas tendencias insistían en la tolerancia y la libertad del individuo.

        Hay que reivindicar, según al-Jabri, el espíritu tolerante de esa primera generación de los intelectuales en la civilización arabo-musulmana. Su defensa de la opinión fue “siempre con un tono tolerante”.

        Al-Jabri defiende la época en la que el “humanismo musulmán” estuvo situado durante siglos (IX- XII) en lo más alto nivel del progreso. Tenemos, los musulmanes de hoy, que “envidiar mucho a nuestros antepasados, sobre todo esos espacios de libertad de expresión y de investigación que caracterizaron aquella época”. Una confrontación que tenía como base la palabra y no la sangre. Una cantidad de corrientes y divergencias culturales. Muchos entienden hoy que, si no fuera por esa generación de científicos y filósofos musulmanes, la ciencia occidental y toda la humanidad no estarían disfrutando del pensamiento griego.

        Con la entronización de los abasíes en Bagdad (750), comienza la edad de ese humanismo árabe (por la lengua y no el pueblo); se asiste a un verdadero humanismo tolerante nacido en las ciudades. Este auge se explica por la apertura al mundo, la sociedad musulmana se sentía confiada y segura, y cuando se tiene seguridad en las convicciones puede uno tratar con el otro sin ningún temor, Por eso supo ser una sociedad abierta, lo que certificó la explotación de todos los dominios del saber. Bagdad, El Cairo, Fez y Córdoba eran centros de creación.

        Dicha explotación empezó con abarcar el saber humano en su totalidad, especialmente la traducción de la filosofía griega al árabe. Aquella iniciativa se inició como un proyecto estatal; se crearon escuelas de traductores que reclutaron entre los más brillantes intelectuales de Bagdad.

        En ese humanismo está la máxima expresión de la tolerancia según al-Jabri.

 

        CONCLUSION:

        El islam puede ser de naturaleza tolerante, pero muchos de los hechos históricos relacionados con él resultan intolerantes.

         El final del iytihad fue un acto intolerable por parte de los ulemas a mediados del siglo XIII, cuando insistieron en que “todo está hecho y dicho por los predecesores”. Desde entonces el conservadurismo vegeta en las sociedades musulmanas. Hoy estas sociedades viven en un fundamentalismo generalizado donde se reclama la obediencia y la sumisión como única fórmula de convivencia. La razón crítica, el dialogo y la convivencia están quebrados.

     Pienso que, para llegar a una verdadera tolerancia en las sociedades musulmanas hay que:

-  Reconocer al otro como diferente, esto pasa por acabar con la idea entendida de forma literal de “la universalidad del islam”, porque la universalidad de un dogma siempre ha desembocado en un fundamentalismo intolerante

-       Hay que Insistir en la espiritualidad del islam y separarlo del Estado. Este tiene que buscar otros elementos de legitimidad. Al Estado le interesa conservar la religión como factor de cohesión social y de legitimidad, porque, hoy día, la mayoría de los poderes políticos de los países musulmanes carece de legitimidad.

-       En un Estado teocrático es imposible evitar actos de intolerancia.

-       Hay que insistir en una relectura crítica de la historia del islam.

-       Debemos reinterpretar “los textos sagrados” teniendo en cuenta el contexto y también el pretexto.   

-       Toda “revelación” insiste en una “verdad verdadera y única”. Los seguidores de esa “verdad” corren el riesgo, al intentar imponiéndola, de cometer actos intolerantes. El cristianismo se dio cuenta de esa realidad que muchas veces ha sido fanática, cuando se venía pretendiendo de que era la única mediación de salvación. Pienso que el islam tiene que recurrir a lo mismo. La verdad tiene muchos colores y debe entenderse como relativa; también “fuera de la iglesia hay salvación”.   

-       Pienso que el islam necesita una modernización teológica teniendo en cuenta el contexto histórico y la hermenéutica porque “una religión decía J.J Tamayo, si no es contextualizada, acabará en el dogmatismo, éste muchas veces se impone a través de la violencia”. 

 

 

 

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